Campamentos OPDP 2019: La libertad de ser y crear en relación y confianza

Entre los días 3 y 20 de julio hemos celebrado la quinta edición de los campamentos urbanos de Otro Punto de Partida en el barrio de Entrevías. La primera semana con adolescentes de ESO y Bachillerato, las dos siguientes con los niños y niñas de Primaria. Hablamos de “campamentos urbanos” porque el concepto da a entender, al menos de manera aproximada, lo que hacemos en estas tres semanas, aunque en realidad ni instalamos tiendas de campaña, ni estamos todos los días dentro de la ciudad.

En una perspectiva más metafórica, sí podríamos decir que levantamos un campamento: en él, las tiendas somos cada una de nuestras personas en relación abierta, libre y confiada; un campamento que no pone sus cimientos en un espacio concreto, sino que genera su propio espacio a partir del creer en cada persona, en el despertar el potencial que anida en todos/as, en el desplegar la identidad más auténtica de cada cual y llevarnos los unos a los otros a lo mejor, lo más auténtico y original propio, dejándonos interpelar por el otro, por lo diferente entendido como riqueza.

Desde ahí surge el tema del campamento de este año: “Ser es crear”. La realidad no está hecha, no está todo dado, sino que somos empujados a una creación que exige trabajo y laboriosidad. Desde el inicio de los campamentos, llamó la atención la implicación de los chicos y las chicas en todas las dinámicas. Expresaban su sentir vital, la novedad de encontrarse con ellos mismos, el gozo de sorprenderse ante su ser y su posibilidad. El campamento les va abriendo a iniciar un camino hacia su ser más verdadero. Se introducían de forma intensa en las dinámicas, estaban anhelantes y en cierto modo entusiasmados por lo que iban viviendo, por lo que descubrían como algo valioso y esencial para su propia vida.

Había serenidad, confianza, gratitud, reconocimiento mutuo. El campamento ha sido un tiempo valioso que deja huella. En estos días hemos comprobado cómo se va creando un fondo de tradición y de experiencia: hay un suelo, hay un lugar. Es una novedad para los chicos y puede posibilitar muy lentamente un trabajo de crear estos espacios de comunicación de fondos de persona de manera abierta y confiada, lo que ellos viven con mucha intensidad. Qué valioso sería que el campamento nos llevara a crear ámbitos de encuentro que prodiguen estos procesos de persona.

Así lo simbolizábamos en los espléndidos murales que se iban llenando de contenido, color y vida a lo largo de los días. Los árboles que cada grupo dibujó estaban enraizados en aquello que nos constituye, tanto positivo como negativo (generosidad, simpatía, rebeldía, pereza, apertura, oscuridad…), presentaban un tronco que simboliza nuestros apoyos (familia, amigos, profesores, OPDP, Dios, la cultura, el planeta, los animales…), las ramas simbolizarían los objetivos a lograr al conjugar las cualidades y los apoyos (ser deportista, viajar, ser feliz, aprender a cantar, trabajar…) y finalmente los frutos serían los logros, tanto presentes como futuros.

La relación de fondo entre ser y crear fue el hilo invisible que entrelazó todas las dinámicas y actividades del campamento. Como el concurso pluriartístico, donde a partir del visionado de dos piezas audiovisuales los chicos y chicas tenían que elaborar, tanto individualmente como en grupo, su propia obra. Así pudimos trabajar dimensiones como la resonancia de una obra artística, la conexión con uno mismo y la creación del propio sujeto y la afectación ante lo diferente a uno mismo (y las posibilidades de crecimiento que nos propicia).

La música se acabó convirtiendo en uno de los elementos centrales de los campamentos, con una canción compuesta, grabada e interpretada para la ocasión en el caso de los mayores (se puede oír al final de esta entrada). La letra, articulada por los monitores, estaba construida en base a algunas de las frases que habían creado los chicos y chicas en sus obras artísticas. Los pequeños, en la segunda edición del ‘OPDP lo vale’ -el espectáculo final en el teatro del Centro Cultural Lope de Vega (a cuya directora una vez más tenemos que agradecer su disponibilidad y amabilidad con nosotros)- bailaron dos exquisitas e intensas coreografías e incluso algunos se atrevieron con el rap y la gimnasia rítmica.

El campamento de mayores vivió una saludable y también exigente inmersión en la naturaleza a los pies de la Sierra de Gredos, en la localidad, ya un poco nuestra, de Burgohondo. Una ruta de senderismo por los campos circundantes, los baños en el río, la contemplación nocturna de las estrellas (con interpretación de didyeridú incluida) y el amanecer-desierto en el monte nos reconciliaron con nuestra relación originaria con la tierra y lo natural. Los niños y niñas de Primaria, por su parte, reconocieron la belleza frondosa de los bosques de la sierra de Madrid con una trepidante ruta-gymkana y disfrutaron de las frescas aguas de las piscinas de Cercedilla.

El teatro va ganando cada vez más centralidad en el tablero de actividades de Otro Punto de Partida. Después del proyecto piloto de un taller de teatro para adolescentes, iniciado en primavera, ambos campamentos tuvieron sus dinámicas de dramatización desde las que trabajar el despliegue expresivo, corporal y comunicativo de los participantes. Los más pequeños reflexionaron a partir de una serie de rol-plays sobre la integración y la diferencia, mientras que los mayores realizaron un taller de improvisación en la Casa de Cultura de Burgohondo, cedida muy gentilmente por su ayuntamiento (al igual que el polideportivo, donde se celebró un disputado partido de kórbol). En el deseo de todos está el continuar el taller de teatro, con una programación estable y continuada, a lo largo del curso, quizás en un nuevo campamento de invierno.

Hubo todavía más: una original y libérrima sesión de manualidades con pintura y plastilina, un metódico y riguroso taller de ciencia con fabricación de perfumes incluida, una sesión de yoga, un día de piscina, un misterioso cluedo, la visita al extraordinario Museo Tiflológico de la ONCE (muy recomendable), la inevitable y taquicárdica búsqueda del tesoro (esta vez en la incomparable Dehesa de la Villa), un interesantísimo taller de caligrafía china y hasta una feria del libro y las fiestas finales con las familias.

Tres semanas que bien pueden parecer tres años, por la intensidad vivida y todo lo que se ha creado.

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